Tres generaciones en el baño

julio 9, 2008

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De todos los centros de la Fundación, quizá el más espectacular a nivel visual sea el de Planificación Familiar. Situado a escasos cinco minutos en coche desde la sede central, cada día, a las 9:30 de la mañana, se produce allí un acontecimiento sencillo pero de una belleza estética impresionante. Se trata del famoso Baby Bath y consiste en que las abuelas de los niños internados en el centro los bañan de una forma muy peculiar: sentadas en unos soportes de piedra y con las piernas estiradas, colocan a los niños boca abajo y con la cabeza en dirección a sus pies. Los niños son enjabonados, frotados y vueltos a aclarar con la ayuda de las madres, que traen el agua en grandes cubos. Una vez secos y vestidos, los estiran en el suelo, sobre una tela, y allí se quedan dormidos. El ambiente es alegre y distendido: voces femeninas, llantos de bebé, risas… Vale la pena echar un vistazo a las imágenes que sacamos allí, aunque somos conscientes de que no pueden transmitir toda la belleza y la emoción del momento.

Hemos venido al centro para filmar la visita que Alba y Nuria hacen al mismo. Todas las madres piden ser fotografiadas con sus hijos, aunque después apenas muestran curiosidad por ver el resultado y tampoco se interesan por conseguir una copia de la foto. Alba y Nuria se convierten rápidamente en el centro de su atención y todas les piden que cojan en brazos a sus hijos, cosa que ellas hacen encantadas.

De pronto, otro de esos momentos mágicos que hay que coger al vuelo. Un grupo de unas cuarenta mujeres abandonan hoy el centro después de haber dado a luz a sus hijos. Están todas alrededor de un árbol muy frondoso y realizan un ritual de despedida que consiste en romper un coco al unísono sobre la mesa circular de piedra que lo rodea. Después, animadas por nuestra presencia (y por la de las cámaras) se ponen a charlar animadamente, a cantar canciones tradicionales y a bailar. Son mujeres humildes, pero dotadas de un elegante porte y de una dignidad naturales.

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Abandonamos el centro maravillados e incapaces de decidir qué ha sido más importante para nosotros, si el trabajo cinematográfico realizado o la experiencia vital que hemos tenido en este lugar.

Hay un chico nuevo en la ciudad

julio 8, 2008

Hoy ha sido un día verdaderamente especial (y van…), hemos visitado la casa de Alí, no sólo uno de los chóferes que nos tiene asignados la Fundación, sino también alguien que nos ha ayudado en multitud de temas prácticos y que se ha convertido en un amigo. Su mujer dio a luz hace un par de días a su segundo hijo y nos ha invitado a conocer a su familia. Viven en la Old Town (barrio antiguo) de Anantapur, en una de las zonas pobres que aquí llaman slum.

Cuando llegamos, todos los amigos del barrio se congregan en torno nuestro y nos abruman con su amabilidad. Se trata de una estancia humilde con dos piezas, la cocina y el salón-dormitorio, que cumple una u otra función según la cama esté o no desplegada. A falta de mejor cuna, el nuevo hijo de Alí está encajonado en el espacio que queda entre el colchón y el bastidor de la cama, en una pequeña hamaca hecha … con un pañuelo. El pequeño todavía no tiene nombre, pero pronto se realizará la ceremonia para escogerlo, con consulta al imam y al astrólogo incluidas. La mujer y la cuñada de Alí quieren que todos nosotros sostengamos al niño por un momento y así lo hacemos, con más o menos destreza.

Khaium, el hijo mayor, duerme en la cama y cuesta bastante despertarlo cuando su familia quiere retirarla para traernos unas sillas. Como era de esperar, rápidamente comienzan a aparecer los Sprite’s, los pastelitos y el chai, que es el té con leche (de búfalo o de cabra) típico de aquí.

Ahora son ya todos los vecinos de la calle los que se agolpan a la puerta de la casa de Alí, atraídos por nuestra presencia y por las cámaras, pues naturalmente lo hemos filmado todo. Cuando llega el momento de irse, nos acompañan hasta el jeep de Alí y se despiden de nosotros con un haz de sonrisas. Ha sido este un acontecimiento especial, inesperado y en absoluto previsto en nuestro plan de rodaje original. Ahí reside una de las partes más importantes de la magia del documental, en la captación de esos momentos que esperan agazapados tras cualquier esquina para sorprenderte y maravillarte, y que sólo pueden ser capturados si se hace lo que todo buen documentalista debe hacer: llevar la cámara lista en todo momento y tener las antenas permanentemente desplegadas.

La ciudad no es para mí

julio 7, 2008

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Tras pasar la mañana de nuevo en Bukaraya, Alba y Nuria van de compras a Anantapur con Sister Sherly. Con su sola presencia, Sister Sherly ayuda a que los comerciantes no intenten subir demasiado los precios y aprovecharse de estas jóvenes occidentales y negocia duramente con ellos cuando el precio solicitado no le parece correcto.

Para redondear la tarde, las tres van a ver una película de Tollywood -que es como llaman al Bollywood de Andra Pradesh- en el cine Teatro Shanti. Su entrada en la sala causa entre la gente la misma expectación de siempre. El ambiente es muy diferente del de las salas de cine occidentales: las puertas se mantienen abiertas, la gente entra y sale continuamente, se habla abiertamente y los niños corren de un lado para otro sin que nadie les llame la atención. Un volumen ensordecedor, una pantalla inmensa y unas imágenes que estallan de luz y color. Se proyecta una película de género fantástico, con momentos de magia y dioses que bajan a la tierra. Los actores hablan telugu y Sister Sherly hace el papel de narradora para Nuria y Alba que, aun sin ver nada y entendiendo poco, están entusiasmadas.

De pronto, una secuencia musical crea un momento imprevisto de comicidad. En ella, el actor protagonista, que es también el actual gobernador del estado de Andra Pradesh (¡lo juro!), seduce a una bella hurí oriental. Una mano que recorre la espalda, un dedo entre los labios de ella, una rosa sumergida en agua y usada para salpicar el vientre de la muchacha… símbolos que, al menos a ojos de un europeo, son de un claro contenido sexual. La secuencia no convence en absoluto a Sister Sherly, una monja católica, aunque uno se olvide fácilmente de este detalle cuando la ve con su elegante sari de color rosa pálido. “I don’t like this”, “I don’t like this”, repite Sister Sherly con su voz cantarina para regocijo de todo el equipo.

Un sabio de nuestros tiempos

julio 5, 2008

Nuestro segundo sábado en la FVF, más conocida aquí como RDT, siglas de Rural Development Trust. Desde cualquier punto de la región, puedes coger un rickshaw y simplemente diciendo ¡aRDiTi! ya saben a donde quieres ir. Este detalle refleja a la perfección la importancia que la Fundación tiene para los habitantes de la zona, fruto de la impresionante labor realizada y de los miles de proyectos llevados a cabo por el bien de los más humildes.

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Por la tarde tenemos un encuentro nada más y nada menos que con Vicente Ferrer, el artífice de esta labor más propia de gigantes que de hombres, cuyo esfuerzo y dedicación absoluta durante más de 50 años han conseguido llevar un poco de prosperidad y esperanza a los habitantes de un territorio que estaba condenado a la desertización y que la Fundación ha convertido en un lugar digno de ser habitado.

Como no podía ser de otra manera, Vicente Ferrer es un hombre sencillo que nos recibe en el despacho general de la Fundación, donde tiene una mesa al lado de la del resto de trabajadores. En la secuencia que vamos a filmar él recibe a Alba y a Nuria y conversa con ellas sobre su labor en la escuela de niños ciegos. Obviamente, ni se nos ocurre darle la más mínima indicación, pensamos que la interacción entre este hombre y las chicas, tres personas tan especiales, producirá de forma natural la situación con el nivel de intensidad emocional deseado. Y no nos equivocamos. Desde el primer momento, la conexión se establece y las palabras fluyen abierta y casi familiarmente. Vicente Ferrer, lúcido y riguroso en los momentos de trabajo aún con sus 88 años, se abandona en este encuentro a un discurso en el que alterna la suave ironía con las expresiones de afecto, las profundas sentencias sobre la vida y los hombres, con las bromas ligeramente provocativas, pero siempre bienintencionadas.

Jóvenes diosas danzantes

julio 4, 2008

Nuestro plan de rodaje (muy fluido y cambiante, como dicta la moda) nos lleva hoy a Bukaraya, a la escuela para niños discapacitados que dirige Sister Sherly.

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Pasamos allí todo el día, filmando a los niños y niñas, a los profesores y profesoras, al resto de trabajadores del centro, a Alba, a Nuria y a Sister Sherly. Por poco nos filmamos a nosotros mismos, tal es la fiebre de rodaje que llevamos encima y la fuerza de las imágenes que aparecen constantemente ante nuestros ojos y que no podemos dejar de registrar. Los rostros, los gestos, los momentos están cargados de una belleza que nos seduce y que estalla por la tarde, cuando asistimos a una representación de danza tradicional kuchipudi a cargo de un grupo de niñas sordas que bailan, no al ritmo de una música que en ningún caso podrían oír, sino al que les marca la luz manejada por su profesora. El vestuario, el maquillaje y los adornos les confieren una extraña solemnidad que desaparece en cuanto acaba la música y, tras comportarse por unos minutos como jóvenes diosas danzantes, vuelven a su estado natural de niñas que ríen, juegan y piden ser fotografiadas al igual que el resto de los 300 alumnos de la escuela, la mayoría de los cuales ha pasado frente al objetivo de mi cámara fotográfica.

Regresamos a la Fundación a última hora de la tarde, cansados pero contentos por un día tan fructífero, con un buen humor natural que hace que las carcajadas afloren espontáneamente entre los miembros del grupo. Mañana es un día importante y hemos comenzado ya a prepararnos para el gran acontecimiento que nos espera.

Canciones en la aldea

julio 3, 2008

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Esta vez tocaba visitar a Silaja, la niña apadrinada por Alba, que vive con su familia en una aldea llamada Julakaluva. Aquí la ceremonia al aire libre ha sido mucho más breve y enseguida hemos entrado en la casa de la familia. Alba ha traído regalos para todos ellos. Como pasó con Nuria, hemos comprado los regalos en Anantapur, justo antes de salir para la aldea. Ni que decir tiene que tanto ayer como hoy lo hemos filmado todo. El revuelo que se ha montado ha sido de consideración, los anantapurenses (¿se dirá así?) son muy, pero que muy curiosos y la presencia de las cámaras les resulta irresistible. No es que se acercaran a nosotros, es que literalmente se nos echaban encima. Eso sí, cuando les pedíamos que se apartaran para poder filmar lo hacían muy educadamente. Resultó divertido ver a Eva y Carlos rodeados de unas 50 personas, y no exagero un gramo.

Pero volvamos a Julakaluva. Tras la entrega de los regalos, Alba estuvo largo tiempo hablando con Silaja y su familia, interesándose por su forma de vivir y de pensar. Alba lleva la India dentro y disfruta a tope de cada uno de los momentos que pasa con estas gentes. Cuando Silaja le cantó una canción, fue ella ¡y le cantó otra! ¡Y en hindi! La gente del pueblo alucinó y nosotros con ellos. ¡Qué momentazo de cine! ¡Y está todo filmado! No hay duda de que algo bueno va a salir de todo esto.

Una niña asustada

julio 2, 2008

Hoy hemos viajado hasta Muddanna Pallí, la pequeña aldea (aquí las llaman comunidades) en donde vive Bharathi, la niña apadrinada por Nuria. Aunque la ceremonia de recepción de los padrinos está más que prevista y ensayada, no por ello ha dejado de ser un acto bastante emotivo. Dos grandes collares de flores estaban preparados para recibir a nuestras protagonistas. Alba no ha venido (por culpa nuestra, lo hemos creído necesario para la estructura del documental), así el segundo se lo han puesto a Antonia, directora de producción y maravillosa persona que no sólo nos dirige como profesionales sino, en ocasiones, también como personas. Ella es la moderadora, la apaciguadora, la que aporta serenidad y sentido común en los momentos de tensión. Al resto nos han dado rosas y una hoja que se ata en la muñeca a modo de pulsera, otra señal de bienvenida.

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Bharathi esperaba a Nuria sentada en una pequeña plataforma decorada con un tapiz en lo que podríamos llamar “la plaza del pueblo”. Hemos entrado en tromba, Jorge y Carlos con las cámaras, Eva con la percha del micro en ristre y la pobre niña se ha puesto nerviosa, estaba completamente rígida y muy seria e incluso se le han escapado unas lagrimitas. El traductor de la FVF que nos acompañaba ha intentado calmarla mientras le traducía las preguntas y observaciones de Nuria, que al principio tampoco estaba muy suelta que digamos. Por suerte las cosas han ido mejorando. Nuria y Bharathi han entrado en la casa de la familia de la niña, Nuria le ha dado los regalos que había comprado para ella y poco a poco la situación se ha ido distendiendo. Al final hemos conseguido arrancarle unas sonrisas. Todo esto ha aportado una cierta variedad emocional a lo filmado que nos va muy bien. Hemos rodado buen material y nos vamos contentos de la visita, y también de la experiencia a nivel humano. En resumen, una jornada muy productiva, como todas las que llevamos hasta ahora.

Al volver hacia Anantapur nos hemos detenido en Bathallapalí para visitar el hospital para niños con SIDA que la FVF tiene allí y en donde nuestras nuevas amigas Martina (farmacéutica), Nuria y Maura (pediatras) realizan una labor digna de encomio. El tema no encaja en nuestra película, pero la emoción es viva y punzante y hará que seguramente esta sea una de las visitas más recordadas.

En el Campus Five

julio 1, 2008

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Los dos últimos días hemos estado rodando en la High School for Inclusive Education, conocida aquí como el Campus Five, una de las escuelas para niños discapacitados de la FVF y el lugar donde Alba y Nuria desarrollan su labor docente.

Pacientes y aplicadas, disfrutando de cada momento de la clase, nuestras jóvenes protagonistas siguen atentamente los progresos de sus alumnos, especialmente en el uso de JAWS, una de las herramientas de software especializadas que permiten a los invidentes el trabajo con el ordenador. Cada una de ellas se dedica a un grupo diferente: Alba trabaja con los totalmente ciegos, mientras que Nuria se centra en aquellos niños que, al igual que ella, disponen de un cierto porcentaje de visión. Nuria piensa que vale la pena darles un trato diferenciado, pues incluso un pequeño porcentaje supone una gran diferencia y abre posibilidades que vale la pena explorar.

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Por nuestra parte, conscientes de que no dejamos de ser unos intrusos, intentamos realizar nuestro trabajo procurando molestar lo menos posible, algo bastante difícil en un entorno en el que la sola presencia de la cámara basta para causar un gran revuelo, y no sólo entre los niños. Sin embargo, aquí, como en el resto de centros de la FVF, no encontramos sino amabilidad, colaboración y sonrisas. Yes, sir! No problem, sir!

Excursión al templo de Bukaraya

junio 29, 2008

Aprovechando que es domingo, nos vamos de excursión al templo de Bukaraya, famoso por sus monos y porque para llegar hasta él hay que subir como unos 900 escalones. Con el calor que hace, es justo lo que necesitamos. Pero no todo va a ser diversión, nos hemos traído los equipos y aprovechamos para filmar la dura ascensión, una buena excusa para hacer pequeñas paradas y recuperar un poco el aliento.

A medida que ascendemos, el paisaje se va haciendo cada vez más amplio y majestuoso. Cuando llegamos al templo comprendemos que el esfuerzo ha valido la pena. El cielo está encapotado y apenas unos rayos de sol consiguen atravesar la gruesa capa de nubes y arrancar brillantes destellos de la llanura que se abre a nuestros pies, inundada por una lluvia reciente. Desde la altura divisamos la ciudad de Anantapur, blanca y extrañamente tranquila a esta distancia.

Primer día en Anantapur

junio 28, 2008

Son las dos de la tarde, todavía estamos medio dormidos y ya hay gente de la Fundación ofreciéndonos sus servicios: Sunjata nos pregunta si queremos cambiar moneda y Sheeba, en un perfecto castellano, nos ofrece sus servicios como traductora. Son hermanas, nacidas y crecidas en la Fundación. Más tarde Blanca Romañà, la responsable de comunicación de la FVF, nos da la bienvenida.

Después de comer (excelentemente) y de conocer a algunos de los voluntarios de la Fundación, nos vamos de visita a Bukaraya, a la escuela para niños discapacitados que la FVF tiene allí, para darle una pequeña sorpresa a Sister Sherly, la gran amiga de Alba y Nuria. Su alegría es mayúscula y no podemos dejar de filmar estos momentos, pues representan un material precioso para nuestro documental.